I first preached this sermon in Spanish; the English translation is below.
Oremos…
Que las palabras de mi boca y las meditaciones de nuestros corazones sean agradables a tus ojos, Señor, nuestra fortaleza y nuestro redentor. Amén.
El viernes por la noche, desde mi sala, vi cómo los cuatro astronautas a bordo de la cápsula Orión amerizaban en el Océano Pacífico, a unas millas de la costa de California. Con su regreso seguro a la Tierra, ellos y sus compañeros completaron el primer vuelo tripulado a la Luna desde mil novecientos setenta y dos.
No recuerdo el programa espacial original. El primer alunizaje del Apolo fue en mil novecientos sesenta y nueve, el año anterior a mi nacimiento. Escuché las grabaciones de audio y vi las imágenes del alunizaje del Apolo Once cuando lo estudié en la escuela o visité el Museo Nacional del Aire y el Espacio en Washington, D.C.
Vi la explosión del transbordador espacial Challenger en mil novecientos ochenta y seis y, como cualquier persona que recuerde esa tragedia, contuve la respiración mientras veía el exitoso lanzamiento de la nave espacial Artemis Dos a principios de este mes.
En la Costa Espacial de Florida y en otros lugares, la gente se reunió para “fiestas de observacion” para ver el lanzamiento, como hacemos con los eclipses solares y los fuegos artificiales. Durante esos pocos minutos, nos unimos, compartiendo la alegría por el éxito de la colaboración y la innovación que habia ocurrido, la ilusión por el futuro y el suspiro colectivo que exhalamos cuando la nave espacial desapareció de la vista sin que se produjeran problemas aparentes.
Y sin embargo, hay quienes no creen que el programa espacial sea real. Dicen que los alunizajes nunca ocurrieron. Piensan que los relatos de audio y video fueron montados, como en u set de una película.
Están llenos de incredulidad y no se dejan convencer con la verdad.
Ciertamente, la historia puede revisarse y los eventos importantes
pueden exagerarse o minimizarse según la perspectiva de quien los cuenta,
pero yo nunca he dudado de estos relatos. He
visto las pruebas. Tenemos grabaciones de audio, fotografías y grabaciones de
televisión,
tenemos los testimonios de primera mano de los propios astronautas, testigos de todo lo sucedido.
Lo cual me lleva al evangelio de hoy.
Es el mismo evangelio que escuchamos cada año en este segundo domingo de Pascua, y aunque se le ha llamado erróneamente la historia de “Tomás el incrédulo”, creo que es una historia sobre la creer.
Juan el Evangelista nos cuenta que, tras la resurrección de Jesús, los discípulos estaban encerrados en una casa por miedo a los líderes religiosos que habian matado a Jesùs.
Cuando Jesús, resucitado, se les apareció
allí,
sin que las puertas cerradas lo detengan,
y les dice: “La paz sea con ustedes”.
Jesús les mostró las heridas en sus manos y en su costado, y luego repitió su promesa, diciendo, “La paz sea con ustedes” por segunda vez.
Cuando todo esto sucede, Tomás no está
presente. Quizás recuerden a Tomás de un pasaje anterior del evangelio de Juan.
Está con los demás discípulos cuando Jesús les dice que pronto se irá, y cuando
Jesús les afirma que ellos saben el camino al lugar al que va, Tomás interviene
diciendo: “Señor, no sabemos a dónde vas. ¿Cómo podemos saber el camino?”.
(14:4-5)
Tomás es uno de los discípulos que no teme hablar con franqueza ni hacer preguntas.
Nunca llegamos a saber dónde estuvo Tomás la semana anterior. Es importante destacar que no estuvo encerrado. Quizás estaba recogiendo provisiones.
Quizás estaba tomando una siesta en algún lugar. Quizás estaba escuchando lo que la gente en las calles de Jerusalén decía sobre los recientes acontecimientos.
No podemos saberlo. Lo que Juan sí nos dice es que cuando Tomás oye el relato de los otros discípulos, quiere ver las mismas pruebas que ellos vieron.
Y Jesús se las muestra. No lo regaña ni lo castiga por pedir lo que los demás ya han recibido. En cambio, Jesús lo invita a convertirse en pistos, es decir, uno que cree.
Y en este evangelio, creer no es un asentimiento intelectual. Es relación.
Jesús invita a Tomás a una relación más profunda con él, y Tomás responde: «¡Señor mío y Dios mío!» (20:28).
Y, por supuesto, la historia de Tomás no termina allí, en Jerusalén.
La tradición cristiana dice que el apóstol Tomás viajó a lo que hoy es Turquía, donde fundó la Iglesia del Oriente, que luego se extendió a la India, el sur de Asia y el Medio Oriente.
Reflexionando sobre la historia de Tomás, ¿podemos escuchar la invitación de Jesús a una relación más profunda con él?
¿Podemos responder a Jesús, como lo hizo Tomás, con nuestras vidas, con nuestras manos y con nuestros pies para servirle?
¿Podemos compartir quién es nuestro Señor y Salvador y por qué “Jesús ha resucitado” no es solo una frase para el Domingo de Pascua, sino todos los días?
¿Podemos decirles a los demás por qué es importante que aquel a quien Dios envió para traer la salvación al mundo venció la muerte y a los poderes y principados de este mundo para darnos vida a todos nosotros?
Hemos escuchado a los testigos y, en diferentes momentos de nuestro mundo y de nuestras vidas, hemos sido testigos del poder de Dios.
¿Qué más necesitamos para proclamar y vivir con Jesús como nuestro Señor y Salvador?
Oremos.
Dios bueno y misericordioso,
te damos gracias por tu Hijo Jesús,
nuestro Señor y Salvador.
Danos el valor de Tomás para hacer preguntas
y para ser discípulos que respondan con sus
vidas
para servirte.
Oramos en el nombre de Jesús.
Amén.
Friday night I watched from my living room as the four astronauts aboard the Orion capsule splashed down into the Pacific Ocean a few miles off the coast of California. With their safe return to Earth, they and their colleagues completed the first crewed flight to the moon since 1972.
we have the first-hand accounts of the astronauts themselves, witnesses to all that happened.
when the risen Jesus appears to them there,
undeterred by the locked doors,
and saying, “Peace be with you”.
Jesus shows them the wounds on his hands and in his side and then repeats his assurance, saying “Peace be with you” a second time.
Thomas is one disciple who isn’t afraid to speak directly and ask questions.
What more do we need to proclaim and live with Jesus as our Lord and Savior?
Good and gracious God,
We give you thanks for your Son Jesus,
our Lord and Savior.
Give us the courage of Thomas to ask questions
And to be disciples who respond with our lives
to serve you.
We pray in Jesus’ name.
Amen.
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